Para Harriet, la luz de la vida del señor Jordan, y para Emily, la luz de la mía.
Y la Sombra se abatió sobre la tierra, y el mundo se hendió piedra a piedra. Los océanos se desvanecieron, las montañas fueron engullidas, y las naciones dispersadas hacia los ocho ángulos del mundo. La luna era igual que la sangre y el sol como la ceniza. Los mares hervían, y los vivos envidiaban a los muertos. Todo quedó destrozado y todo se perdió excepto el recuerdo, y una memoria prevaleció sobre las demás, la de aquel que atrajo la Sombra y el Desmembramiento del Mundo. Y a aquél lo llamaron el Dragón.